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TORO 1476 - 2017

Evocación conmemorativa

“Verdaderamente, si bien se considera, señores míos, grandes e inauditas cosas ven los que profesan la orden de la andante caballería. Si no, ¿cuál de los vivientes habrá en el mundo que ahora por la puerta deste castillo entrara, y de la suerte que estamos nos viera, que juzgue y crea que nosotros somos quien somos? ¿Quién podrá decir que esta señora que está a mi lado es la gran reina que todos sabemos” (Hasta aquí, Don Miguel de Cervantes Saavedra) Es en verdad admirable ver aquí a los descendientes históricos de don Afonso, quinto de este nombre rey de Portugal y de Castilla como consorte de doña Juana, junto a los descendientes de Don Fernando rey de Aragón y de Castilla como consorte de  doña Isabel; juntos los descendientes familiares de los Pereira, los Ulloa, Freire, Gonzalez, los Martins, los Mendoza, Fonseca, López, Alba, los Alonso y los García, aquellos que aquí mismo, libraron sangrienta y singular batalla, rompieron lanzas, enfrentaron sus espadas, blandieron porras de hierro, y pusieron sus vidas al fuego de las espingardas, la noche lluviosa de aquella sesta feyra prymeira de Março de myl e quatrocentos e setenta e séis anos, muy cedo pella manhã”, cuando se ordenou a batalha dos Reis entre Touro e Çamora”.

La conmemoración de la batalla de Toro y Peleagonzado, por iniciativa de la sociedad, es una celebración de concordia que sella la convivencia entre los herederos históricos, y familiares, en este ahora pacífico paraje  a cuatro leguas y media de Zamora, a “una legua de Toro en un campo que se llama Pelayo González, entre Sant Miguel de Gros é la dicha cibdad de Toro”.

Rememoremos la escena. Desde la cárcava tajada de Toro, mirando río abajo, 10000 hombres de a pie y más de 1000 jinetes junto al Señor don Afonso; a su flanco, por esta umbría en lo alto del cerro, el joven príncipe don Juan, con 8000 de a pie, más de 1000 de a caballo. Y, enfrentados contra corriente, azuzando desde Zamora tras una jornada de marcha, pasada la estrechez de Castro Quemado, asoma Don Fernando, con otros tantos miles de a pie y otros tantos de a caballo. Duques, condes, maestres, arzobispos, y marqueses con sus huestes arrecadadas de todas las ciudades próximas vienen pertrechadas para la guerra “Em a qual batalha foram muitos mortos, presos, e feridos de uma parte  e doutra” (Gabriel Pereira), e otros muchos afogados en el río: Don Jorge Manrique, activo en esta guerra así lo vivió: “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar”. Hubo unos mil muertos. En eso sí coinciden todos los cronistas que historian la gesta “en remembranza de los que después vinieren”.

Portugueses y españoles aún más tarde, en las antípodas del globo terrestre por ellos por vez primera abrazado, continuaron enfrentados, al tiempo que matrimoniaban y trataban Tratados como los de Alcaçovas, o Tordesillas, hasta concertar ya últimamente en Lisboa y Madrid compromisos de amistad y cooperación. Hoy, más allá de legitimidades dinásticas, biológicas o políticas, más allá de diferentes valoraciones sobre los hechos del pasado, como vencedores o vencidos, errados o acertados, hemos derribado las fronteras, y las murallas, somos una generación en paz toda su vida y confiamos que este valle siga así por generaciones.

Por la Constitución popularmente aceptada, nuestros militares, dignamente repre­sentados  “garantizan la convivencia”, y están prestos a evitar las heridas, o a curarlas en caso necesario como hace la recientemente creada Agrupación de Hospital de Campaña del Ejército de Tierra, con el antecedente aquí previsto por la reina Isabel.

En la ocasión heroica que rememoramos, las ciudades de León, Salamanca, Toro y Zamora, como la hermanada ciudad de Bragança, Braga, Viseu, Évora, eran poblaciones vitales, espléndidas en cultura, en arte, y en piedad, emprendedoras con numerosas asociaciones de gremios y cofradías laborales, florecientes en las ciencias, la literatura, el gobierno, la milicia, la arquitectura, la navegación, el derecho internacional, el descubrimiento del mundo global. Más que los monumentos de piedra romanos, románicos o góticos, renacientistas o modernistas, nuestra mejor herencia es la historia humana, fraguada en la rebelión contra invasiones sucesivas, y la superación. La actual es difusa pero igualmente letal ha abducido la población y sedado su ímpetu. Nuestras ciudades están en decadencia progresiva. Somos de las regiones más pobres de Europa, las primeras en los malo y las últimas en lo bueno, efecto de las disparidades territoriales y socio­económicas desde hace dos siglos. No hay lugar para añoranzas. Los portugueses y españoles de acá y de tras os montes, de la vertiente norte y de la vertiente sur del Duero tenemos el reto de ganar la batalla del futuro en igualdad de derechos y responsabilidades, en los centros de decisión sobre nuestros recursos naturales y productos técnicos llevando la gestión de nuestros ahorros, de nuestro comercio, de las nuevas tecnologías. Hemos criado generaciones de jóvenes profesionales que van a prosperar fuera y despueblan su tierra.

Precisamos velar las armas del futuro, las estrategias de progreso, la creatividad, la innovación, el coraje, el riesgo.

Somos de buena cepa, tenemos buena madre para elaborar un buen vino, nuestra humanidad ha sido macerada, presionada, fermentada y trasegada por la historia, para dar su esencia, el espíritu de Toro. Hemos aprendido a excluir para siempre la violencia como medio de resolución de conflictos a toda escala. Ahora dirimimos nuestros derechos por un equilibrio territorial en encuentros hispano-lusos, en asociaciones culturales, en reuniones de empresas en la raya que ya no es de división, sino de suma y sigue. Así llegamos a los foros internacionales europeos y a las Naciones Unidas, dirigidas ahora por nuestro representante Don Antonio Manuel Oliveira Guterres quien llevará esta experiencia de paz a todo el mundo.

Hoy, aquí, honramos a quienes arriesgaron y dieron la vida por los derechos y libertades. No hemos edificado un gran santuario en conmemoración de la gran gesta, como se hizo en Batalha por Aljubarrota o en Toledo San Juan de los Reyes por la batalla de Toro, sino un monumento sencillo, ancestral, anterior a todos los reinos por estas tierras, son unas peñas clavadas al suelo y alzadas al cielo apiñadas como signo y seña de los que aquí fueron, en “comemoração de feitos heroicos”. Y por todos ofrecemos un tributo respetuoso. (Corona de flores).

Concluyendo. Don Jorge Manrique, implicado directamente en esta guerra, en el elogio de su padre don Rodrigo Manrique, maestre de Santiago, muerto a los pocos meses, canta la fugacidad del aparato bélicoLas huestes innumerables, los pendones y estandartes y vanderas, los castillos impugnables, los muros y baluartes y barreras, Y por contraste, ensalza los valores personales en su padre: “Amigo de sus amigos, / qué señor para criados / y parientes, / qué enemigo de enemigos, / qué maestro de esforzados / y valientes!”

Asimismo, el heraldo de “os Lusiadas”, Don Luis de Camoens nos indica el horizonte del navegante sobre este preciso momento histórico: "Porém depois que a escura noite eterna  - Afonso aposentou no Céu sereno,  - O Príncipe, que o Reino então governa, - Foi Joane segundo e Rei trezeno.  - Este, por haver fama sempiterna,  - Mais do que tentar pode homem terreno  - Tentou, que foi buscar da roxa Aurora  - Os términos, que eu vou buscando agora”.

Portugueses, paisanos y familiares, este valle es nuestra casa, la casa hoy de don Simón García Taboada, señor de Valbusenda.

Si alguno de los vivientes a esta hermosa vega viniera, en este castillo entrara, y de la suerte que estamos nos viera, sabrá que somos quien somos, quienes juntos y en buena amistad venceremos la batalla del futuro, con el espíritu de Toro.   

 

Muyto brigado.

 

 

 

                 Zamora y Toro, Valbusenda 1 de marzo de 2017